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San Jacinto es el resultado de la fusión de tres razas: La Blanca (Europea), La Negra (Africana), y la Indígena. El principal aporte de la raza negra a nuestro folklore podemos decir que es parte de su música; instrumentos de percusión como el tambor mayor o alegre, caja y llamador. También adoptamos de ellos cantos como los cantos de Zafra, los de Vaquería, los rezos o secretos, los cuentos de animales, el curanderismo mágico y sus bailes.
En cuanto a la raza Blanca, de ellos heredamos el idioma, los trajes, las edificaciones de tejas de barro, con ladrillos, o con paredes de bahareque, la religión Católica, las leyes, las técnicas de trabajo, las costumbres, décimas, juegos de naipes, corralejas, carreras de caballos, las vacas locas. Igualmente en la literatura oral el coplerío y la narrativa espontánea. De la raza Indígena hemos heredado parte de su personalidad tal como es la malicia, la desconfianza, la alimentación a base de maíz, ñame y yuca, instrumentos musicales como la gaita hembra, la gaita macho, pitos, guacharacas y maracas, los tejidos, las hamacas, peyones, fajas etc, la cerámica, (tinajas, tinajones, cazuela, etc. Y En la construcción la utilización de la palma en el techo de las casas.
Esta fusión ha permitido que el hombre “sanjacintero” sea culturalmente rico y que pueda manifestar la misma a través de su música y de creencias, que constituyen la identidad histórica de estos hombres y mujeres.
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