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Noviembre 9 de 2007 La agrupación de gaitas colombiana estaba nominada con el álbum 'Un fuego de sangre pura', producido por Iván Benavides, bajo el sello Smithsonian Folkways. 
El álbum se editó primero en Estados Unidos y solo salió al mercado colombiano después de la nominación. "Gracias a Dios por darme tiempo para vivir esto", dijo Antonio García, de 77 años, que dedicó el premio a sus compañeros muertos. El álbum Cuenta con la presencia de los tres gaiteros que sobreviven de la segunda generación del conjunto: Juan Fernández Polo, Antonio García y Nicolás Hernández. García y Fernández, que asistieron a la ceremonia en Las Vegas, aparecieron después en la transmisión televisada, vestidos de blanco y llevando sus gaitas, en la presentación de Calle 13, agrupación puertorriqueña ganadora del Grammy a mejor álbum urbano. Precisamente, al recibir la estatuilla, Residente, integrante del grupo les dio las gracias a Los Gaiteros de San Jacinto y a los arhuacos que viajaron desde Colombia para acompañarlos en la gala. UN FUEGO DE SANGRE PURA. Por: Alfonso Hamburger Viajando de San Jacinto para Cartagena, en el mismo bus se embarcó, a la altura de La Pava Congona, el maestro José Lara, integrante de los gaiteros de San Jacinto. Yo le pregunté, maestro, ¿va usted para Cartagena?. Y el me respondió, después de lanzar un escupitajo. - Caramba Pocho, tengo como ganas. Hoy exaltamos, con orgullo montemariano, ese fuego de Sangre Pura, que anoche dividídieron en dos la historia de la música sabanera, como los primeros artistas de este lado del río Magdalena en ganar el Gramy Latino: Los gaiteros de San Jacinto. Los gaiteros de San Jacinto, como el propio pueblo que los vio nacer, ya no son un pueblo ni unos gaiteros, son un mito. Ellos fueron descubiertos por un periodista gigante, también San Jacintero, Clemente Manuel Zabala, corrector de los primeros textos de Gabriel García Márquez, mas conocido como el hombre lámpara. Clemente Manuel Zabala, considerado como uno de los precursores del periodismo moderno en Colombia, quien se desempeñaba como jefe de redacción del periódico el Universal de Cartagena, viajó a San Jacinto a inicios de los años 50 con Manuel Zapata Olivella, en la búsqueda de unos músicos que acompañaran al ballet de Delia Zapata al festival mundial de la juventud. Allí se inició todo. Toño Fernández, el hombre que era mas que todo el mundo, cantaba zafras en los sepelios, y Juan Lara, el mejor hembrero de todos los tiempos, tenia una pierna embromada, pues se dedicaba a embarrar casas con boñiga de vacas en Magangue. Los gaiteros estaban derrotados, Asi que tuvieron que mandar por Juan a Magangue y los reencaucharon. Dice Maria Encarnación Gonzàlez, viuda del gaitero mayo, que Toño fue puesto a prueba por la delegación. Todo lo que le pidieron que hiciera, toño lo hizo. Entonces se dieron cuenta que servia para lo que andaban buscando. Esa invitación apartó a Toño de su oficio, porque básicamente era mecánico Disel y cantador callejero. La primera gira demoró cuatro años. Cuando se fueron dejaron algunos hijos de brazos y al regreso los encontraron que caminaban y no los reconocían como sus padres. Uno de los hijos del gaitero Toño Fernández, le decía papa al hermano mayor. Todos internacionalizaron sus pingas. Y cuando vinieron no sabían realmente por donde habían andado. Se recuerda la frase de Toño Fernández, al regresar: “Que se vayan las europeas al carajo, porque no hay tierra como la mía” Un periodista le preguntó a Toño que como le habían parecido los países de la cortina de hierro y respondió que todas las cortinas eran como las de acá, de telas con flores y pajaritos y hasta lisas, pero que de hierro no había visto ninguna cortina. La única cortina de hierro era una hija de Rafael Cortina. También se hizo famosa la frase de Toño Fernández al regañar a los tambores que se la habían extraviado en el aeropuerto de Moscú. “ No se separen, cuando uno sale del pueblo, tiene que andar uno detrás del otro, como el huevo de la iguana”. Atravesando el desierto transiberiano y después de muchas horas sin ver una vaca o un árbol, Juan Lara iba triste, mientras el resto bebía y cantaba. Al preguntarle por el motivo de su tristeza, respondió. “Estoy pensando en la perdía que me voy a dar cuando muera y venga por acá a recoger los pasos”. Relataba el profesor Carlos Barraza Alandete, que Toño Fernández, al regresar de su segundo viaje de Rusia, vino comunista, por ello, en una parranda con el gobernador Álvaro de Zubiría improvisó los siguientes versos: El Godo y el liberal, sufren de la misma ancheta, pelean por la misma teta, que los dos quieren chupar. Yo no soy conservador, pero liberal tampoco, desde que estuve en Moscú, ya yo pienso de otro modo”. Finalmente, es muy celebrado el cuento, en el sentido de que los gaiteros salieron a dar una vuelta en Nueva York y se perdieron. No tuvieron más remedio que improvisar unos versos para recoger dinero para desvararse. Uno de los versos decía: Yo si soy de San Jacinto. Yo si soy San Jacintero Quieren que cante bonito Pero es que maluco no puedo. La gente que pasaba, que no entendía la letra, les dejaba caer monedas en los sombreros, a manera de limosna. Entre la gente que alcanzó a lanzarles monedas en los sombreros, estaba Carlos Barraza, quien los sacó del atolladero, diciéndoles, agradezcan que yo también soy de San Jacinto, o de lo contrario todavía estuvieran pidiendo limosna, pues nadie les entendía los versos. |